Hace un par de meses me rapé. Y como todo lo que hace una mujer, fue una acción con un significado, un sentido y quizás hasta un propósito.

La pregunta: y ¿qué ganaste con raparte? se suscitó varias veces y yo no me sentí en necesidad de responder, porque el significado más trascendente era demasiado personal para dar explicaciones, y aún hoy escribiendo esto no es que necesite explicar o justificar mi decisión, creo que más bien es mi forma de dar paso al "sentido y propósito" que mencioné antes.  

Cuando te encuentras en el baño tratando de escuchar los resultados de laboratorio de tu pequeño en voz del pediatra, con pequeñas risas y gritos de fondo, y escuchas la palabra leucemia, seguida por lo importante que es que te dirijas al hospital en ese preciso momento; tu corazón se detiene y tu respiración deja de escucharse en tu interior por un instante, un instante en el que no hay voces ni sonidos a tu alrededor, en el que los gritos y las risas se desvanecen y la única imagen que refleja el espejo frente a ti es miedo y dolor, y es en ese instante que el único pensamiento que eres capaz de articular en tu mente es: daría mi vida por ti y lo que fuera por tomar tu lugar y evitarte cualquier sufrimiento.

Después caes en la cuenta de que lo que ha sugerido tu mente no es una opción viable y tu papel es más bien ser la fuerza y la alegría que esa personita frente a ti necesita para luchar con todo su ser; que lo que sí puedes hacer es luchar a su lado, vencer los temores juntos y no dejar que el dolor permeé.

Que esta experiencia la has de vivir en la misma intensidad, y eso nos ha de convertir en iguales, que el dolor físico se comparte, y duele tanto la inyección que el siente como te duele a ti ser quien la esté administrando, pero tú estás aquí para él, así, en cada situación en la que nunca te viste, y haces lo que sea, haces lo necesario, y dejas de tener miedo y te aferras al amor y a la fe.

Y probablemente raparte es la manera más superficial de decirlo o de brindar apoyo, pero quizá también es la forma en la que le das un significado, en la que te dices a ti misma, no puedo tomar tu lugar pero caminaremos este camino juntos.

Para mí también ha significado un nuevo comienzo, es extraño como algo tan prescindible como el cabello puede llegar a poseer un carga tan grande de significación en la vida de una mujer, para mi siempre ha sido una señal de cambio, es mi forma de exteriorizar un cambio interno, quizá verte diferente por fuera te da el sentimiento de reafirmación de lo que está ocurriendo; y hoy yo me siento diferente. Este es un recordatorio para mi misma, del momento que estamos viviendo, saber que es una situación que no esperábamos pero que de la mano de Dios vamos caminando día a día, sin titubeos, sin dudas, sólo con fe y amor. 

La acción ocurrió un sábado por la tarde de la forma más casual, pero no como una casualidad, fue algo que planeé antes, sin embargo no se dio de la forma planeada y terminó por cumplirse como se cumple cualquier plazo; mi intención era llevarlo a cabo en un evento de apoyo a la investigación para el cáncer infantil de St. Baldricks Foundation pero no pude asistir, incluso creí que se había suspendido ante la inclemencia del tiempo. Pasada una semana, me topé con "el sentido" nuevamente, no es que lo hubiera perdido, pero de alguna forma me ayudó a recapitular mis razones y reafirmar mi decisión aún cuando la oportunidad había pasado; leí un artículo acerca de una jovencita que había fallecido un par de meses atrás, recordando que si bien las bendiciones que mi familia ha recibido son demasiadas y gracias a Dios mi bebé va muy bien, sigue existiendo esa estadística que duele y me rehuso a aceptar, y una de las formas de cambiarla es apoyando las investigaciones, y si aún no había hecho uso activo de mi acción y voz para suscitar las ganas de apoyar de forma pública, creo que estoy lista para hacerlo.

Y como dije antes existió también un propósito, dar constancia de la insignificancia de la imagen, de la trivialidad que supone el cabello; encontrarte con un niño que teme quitarse la gorra por pena y la usa hasta para dormir, no es mi escena favorita, y tal vez él no cambiará su postura al ver que otros se rapen, mucho menos siendo extraños, pero en lo que respecta a mis hijos, quiero asegurarme de que den a cada cosa su importancia, y tal vez son muy pequeños para entender, pero esto ha servido también como ejercicio, porque he corroborado que para ellos la imagen no importa pero que las opiniones de los adultos pueden afectar y empezar a mermar su confianza; la reacción de mi pequeña de 5 años "mami, te cortaste el pelo"  de forma natural, cuando al escuchar detrás un "te ves, rara" hizo una mueca dando señales de que ese comentario probablemente habrá empezado a afectar su percepción de la imagen, mi chiquito de 3 años llegó, me abrazo y sonriendo me agarró la cabeza y mi bebé (ya no tan bebé, 19 meses) no le dio la mayor importancia.

Hace un par de años, me propuse donar mi cabello, finalmente mis capas no lo permitieron, y aún cuando esta vez al dejar que crezca me pueda asegurar de tenerlo sano y sin capas para poder hacerlo, creo que tendría más valor hacer notar que esto no tendría que ser necesario, realmente podemos prescindir de él, y tu cabello no dice nada sobre ti, ni te condiciona a la persona que eres; y si lo has perdido a causa de algo como el cáncer, al contrario, solo sirve como prueba de tu fuerza y actitud ante la vida, es simplemente decir: " mi cabello se puede caer, pero yo sigo de pie".  


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AuthorAneika
CategoriesSER MAMÁ