MI PRINCESA

©blamag ILUSTRACIÓN: ANEIKA PÉREZ

©blamag ILUSTRACIÓN: ANEIKA PÉREZ

Hace 7 años me convertí en mamá, en serio ¿siete? Sí, y tan cierto como todo el mundo te dice, "disfrútalos porque cuando voltees ya habrán crecido..." el tiempo no se detiene, y quizá al principio no sentía que pasara tan rápido, claro, iba dejando la ropa pero seguía siendo mi bebé, íbamos disfrutando mes a mes; y de pronto, los meses se convirtieron en años, y aquí estamos. 

Y aún después de siete años, recuerdo el momento en que nació como si fuera ayer, cierro los ojos y puedo escuchar su llanto y ver su manita tomando la mía, así como puedo ver escenas de nuestra vida juntas; y viendo atrás, es cierto, siento que me ha faltado tiempo para disfrutarla más, para abrazarla más, para hacerle saber cuánto la amo; muchas veces me he sentido culpable porque me ha tenido que compartir desde muy pequeña, por los incontables momentos en que no he podido darle mi atención completa, por la falta de tiempo en el día a día o la prisa que he tenido tantas veces, por las veces que sentía que no podía ir a su ritmo, o en las que ansié tomará una siesta para poder hacer “algo más”, por todas las veces en que desee que creciera o las otras tantas en que, en mi impotencia por ayudarla rompí a llorar. 

Hoy celebramos a mi princesa, sin importar que suene a cliché, ella es nuestra princesa, no una princesa de vestidos y tul, a excepción de las veces en que recuerda ese vestido al fondo del closet y pide a su papá baile con ella, pero en el día a día, es la niñita de leggings y playera de Star Wars, la que toma su guitarra y nos da un concierto, la que puede girar más que cualquiera sin marearse, la que me manda un beso desde el autobús cada mañana, la que lee un libro en español y otro en inglés y me pregunta a dónde voy cada noche al acostarla, la pequeña que me da un beso en cada mejilla supliendo las palabras, y aún así dejará salir un “te amo” de vez en cuando, la pequeñita que ansía la visita de sus abuelos, la que tiene la agenda llena cada día, y termina la tarea de matemáticas en cinco minutos por quince de iPad, hoy celebramos a la chiquita que corre emocionada agitando las manos y me llena de orgullo cada que consigue una nueva meta, la que ahora me recuerda la mire a los ojos cuando me habla, la que repetirá una palabra nueva hasta pronunciarla bien, y en el momento menos pensado me mira a los ojos diciendo “eres una mamá bonita”.

Hoy doy gracias a Dios por permitirme ser su mamá, por habérmela confiado, por creer que pese a mis múltiples defectos e incontables errores, soy la persona indicada, la mamá que ella necesita para ayudarla a caminar por esta vida, crecer y ser feliz, y le pido me ayude a siempre ser, como ella misma lo dice “la mamá de Luella”.