TIEMPOS DE FE

ILUSTRACIÓN: ANEIKA PÉREZ ©multicoloredhappy

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Hace décadas aprendí que en la mesa nunca se debe hablar ni de política ni de religión, y en algunas familias mexicanas quizá tampoco de fútbol, temas que podrían generar discusiones interminables por su naturaleza apasionante y personal, porque las "creencias personales" se defienden y se "ofenden" de esa misma manera, personal; e indudablemente serán discusiones que no lleguen a ningún lado, pero que si podrán dejar rasguños en el ego o en el alma, según sea el caso.

Al paso de los años comprobé varias veces la razón de ser de esta frase que tan a menudo me repetía mi mamá, especialmente tratándose de política y fútbol, quizá los temas más recurridos en mi país, junto con "la farándula", el fútbol la verdad es que me lo salté, porque pese a que probablemente sea uno de los deportes que más podría disfrutar terminé detestándolo precisamente por esta cualidad enajenante de la que goza entre la mayoría de mis paisanos (incluida mi familia) y no es nada personal, simplemente para mi había otras cosas mucho más interesantes ahí afuera y aquí adentro también, tratándose de mi familia podía compartir y disfrutar de su pasión y hasta entrar en el "mood" pero por cortos lapsos de tiempo ;)

En cuanto a la política, ahí sí, me dejé llevar un poco más, por razones obvias, sed de justicia de cambiar al mundo, sueños de un país mejor, oportunidades, equidad, todos esos ideales de los que uno vive y se apasiona en sus años de juventud y por los que quizá más de una vez quebranté aquella regla, solo para darme cuenta de que por algo existe.

La religión en cambio es un tema del que nunca participé de discusión alguna, simplemente porque las creencias espirituales desde mi punto de vista son algo demasiado personal para que alguien traspase esa barrera que se delimita con algo llamado respeto; y no es que en cuestiones políticas yo fuera una irrespetuosa o que los ideales políticos de cualquiera no merezcan mi respeto, pero finalmente la política es un tema social, que se genera de manera intelectual y que se prestará a debate y discusión, porque "nos atañe a todos" o eso solía pensar.

Estoy consciente de que las creencias espirituales específicamente si nos referimos a ellas como religión, gozan de un carácter social, compartir las mismas creencias, llevar a cabo celebraciones, ser y actuar de cierta manera, ideales y reglas que te hacen formar parte de una comunidad, y que cada religión tienen puntos de vista en diversos temas, y si ese es el caso se vuelve como la política, un tema fácil de generar discusiones, así que ahí le pararemos antes de caer en la trampa y romper la regla; sin embargo, lo que me trae hoy aquí es pensar que esa regla como todas tiene su excepción porque cuando hablamos de la religión como fe, las posibilidades pueden ser infinitas.

En estos tiempos, creo que no hay nada que haga más falta que la fe, llamándola como quieras, creer en Dios (en la religión que quieras), creer que existe algo más grande que tú, la energía positiva o buenas vibras, no importa el nombre que le des, pero tener la certeza de lo que muchos llamarán incierto, aferrarte a ello y compartirlo, no sólo en momentos difíciles pero en cada momento, agradecer, saberte bendecido, y llenar al mundo de palabras de aliento, de fuerza, paz, amor, lo único que le hace falta y lo que nos une a través de la fe.

Fe, una palabra tan corta, con un significado tan grande; que aveces se traspapela en el día a día, y hasta parece que se olvida cuando el mundo muestra su aspecto más feo, pero la fe existe, y entre muchos, quizá entre todos aunque no lo aceptemos abiertamente (lo cual me parece lo más natural pues es algo demasiado personal) pero cuando la situación más difícil se presenta, todos te hacen saber que te tienen presente y que todo estará bien, enviando oraciones, plegarias, amor o buena vibra, que al final del día es lo mismo.

Yo creo que al universo entero le caería muy bien llenarse de esta energía que despierta la fe, incluso a nuestro país, no digo que nos dediquemos a enviar cadenas y dejemos de prestar atención a la injusticia, de hecho son dos de las cosas que difícilmente podría hacer (en lo personal), pero ¿qué tal dedicar unos minutos al día para agradecer lo que tenemos y después compartir nuestra fe, primero de manera anónima y desinteresada a través de una oración, meditación o pensamiento por algún extraño o alguien con quien no te llevas bien del todo? Y después de manera interesada, con un fin tan grande como el bienestar de tu país o La Paz del mundo entero, si suena como una ilusión, pero ¿has escuchado la frase la fe mueve montañas? Es totalmente cierta, yo ya lo he comprobado. Te imaginas si fuéramos diez, cien, mil, diez mil, cien mil, un millón, ¿cuántas montañas podríamos mover?


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