EL DÍA QUE SUPE QUE IBA A MORIR

©blamag ILUSTRACIÓN: ANEIKA PÉREZ

©blamag ILUSTRACIÓN: ANEIKA PÉREZ

Alguna vez te has puesto a pensar ¿qué pasa por la mente de una persona a quien tras un diagnóstico médico le dicen “te queda poco tiempo de vida”, “tienes una enfermedad terminal”, “estás por morir”?

Todos sabemos que la vida es breve, incierta y finita, que algún día daremos nuestro último suspiro, sin embargo, es fácil que caigamos en el truco de tener sueños de inmortalidad y así dejamos pasar oportunidades, permitimos que el azar se encargue de algunas cosas, confiamos en que habrá un mañana para corregir el camino, esperamos que el destino nos juegue a favor para hacer algo, creemos que la suerte cambiará después y con ello empezaremos a vivir la vida de nuestros sueños... O vivimos con miedo de hacer algo arriesgado fuera de nuestra zona de confort porque “algo malo nos puede pasar”, o nos mantenemos inmovilizadas porque es más sencillo sobrellevar un día a día que luchar por lo que queremos; o ante preocupaciones, necesidades, compromisos que hemos creado en nuestra vida sentimos que no podemos darle un giro porque hay muchas situaciones que debemos cumplir... y todo esto puede ser tan sencillo e inconsciente que todas en algún momento caemos, hemos caído o ahí nos hemos quedado.

Para algunas personas, la última etapa de su vida la viven con la conciencia de que así será porque antes vino una advertencia médica, y como un recordatorio de que “la vida no es para siempre” algunos de ellos crean su bucket list con la que deciden enfrentarse a nuevas experiencias, aventuras y emociones que quizás en algún momento soñaron con realizar pero nunca se atrevieron a hacer o que nunca pasó por su mente pero ahora al saberse sin nada que perder y con mucho que enriquecerse deciden hacerlo; pero para otros la muerte llega como un acto sorpresivo que no da tregua ni señales. 

En este momento, nada nos puede decir que moriremos antes que alguien más joven que nosotras o después de alguien que tiene una enfermedad, nada garantiza que a alguien a quien “le dan poco tiempo de vida” tenga un tiempo más breve que el nuestro, por ello, a partir de estas reflexiones, en un momento de mi vida en el que sigo descifrando hacia dónde voy es que de pronto llegó como un chispazo ese día en que supe que voy a morir, que nada de mi presente será eterno, que no habrá siempre un mañana, que mis sueños o mi propósito en la vida no puede esperar para después.

Y así, con toda esa serie de pensamientos que atraviesan mi cabeza, que a partir de ese día me están haciendo clarificar y planear para poder ejecutar, es que hoy te quiero compartir que así como a mi, te queda poco tiempo de vida y que también te queda una larga vida, que quizás el tiempo sea relativo y en este no debe centrarse nuestra atención, pero que si está en ti poner atención para que cada instante cuente y así es como le darás valor a ese tiempo, que lo que hoy hacemos y las decisiones que tomamos pueden ser las últimas, pero siendo conscientes del presente, eligiendo con mente, alma y corazón estaremos acertando, siendo felices y disfrutando del ahora, sin cabida para arrepentimientos ni frustraciones.

En el momento que te sientas lista, date un tiempo para platicar contigo, escuchar qué es lo que quieres, qué es lo que sueñas, qué te gustaría conseguir profesionalmente, a nivel personal qué quieres comenzar o retomar, qué es aquello que algún día se te antojó hacer pero que aún no te has animado, qué es eso que antes de que acabe tu vida en este plano no puedes quedarte con las ganas de hacer, qué debes hacer para que no te quedes con nada por por decir, por sentir, por vivir; y a partir de ello, comienza a construir, a planear, a elegir y a hacer, porque sólo así es como lograrás que lo que hagas hoy te llene en todos los sentidos y que ante la muerte no haya miedos o dudas de no haber hecho suficiente o de que algo haya quedado pendiente, porque solo viviendo en plenitud es como lograrás que lo que hoy hiciste perdure y tú trasciendas.