LA CITA

©blamag ILUSTRACIÓN: ANEIKA PÉREZ

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19 de septiembre de 2017, iniciaba lo que parecía un día como cualquier otro, un aniversario más de aquel 19 de septiembre de 1985, donde quienes habitábamos la Ciudad de México habíamos vivido una enorme sacudida, pérdidas humanas y materiales, rupturas emocionales, miedos surgidos de entre los escombros, sueños que tuvieron su fin, historias que contar a quienes vinieran después.

Así, este nuevo día, sin tregua, aviso o alarma, cuando el reloj marcaba las 13:14 horas nos encontró a cada uno de nosotros en el lugar indicado, todos llegamos a la cita, a esa cita inesperada con nuestro destino, la que a algunos despertó desde el interior, a otros angustió, a otros motivó, a otros reto y a otros llevó a un lugar mejor.

La vida es el ahora y es así que cuando la tierra comenzó a moverse, nos encontró a cada uno de nosotros en el lugar al que pertenecíamos, y los “hubiera” pueden ser infinitos para aquellos que perdieron a un ser querido o para aquellos que salieron lastimados física o emocionalmente del sismo.

El momento y lugar donde te encontrabas te dejará marcado, te hará pensar en las infinitas posibilidades de lo que pudiste haber hecho distinto, de lo afortunado que eres por tener vida, de lo misterioso de la vida para que justo el punto exacto donde te encontrabas parado te mantuvo en pie, te mantuvo con vida, así que, si hoy te encuentras leyendo estas líneas, mientras sanas de alguna herida física o emocional, agradece tu vida, reflexiona lo vivido, encuentra la enseñanza en aquella herida y trasciéndela para que te convierta en alguien mejor, la vida en ocasiones puede ser complicada o dolorosa, o podemos llegar a creerla injusta, sin embargo, todo en ella son enseñanzas, todo en ella debe hacernos evolucionar, trascender, así que toma esa fuerza que ante la adversidad demostraste que tienes, que está dentro de ti y avanza. Si el sismo para ti simplemente trajo una incertidumbre momentánea pero hoy has logrado salir adelante conservando todo y a todos los que te importan, es momento de agradecer, venerar y sonreírle a la vida, así que hazlo cada nuevo instante. 

Para aquellos que perdieron a ese hijo, hija, madre, padre, hermano, hermana, primo, prima, tío, tía, sobrino, sobrina, nieto, nieta, abuelo, abuela, amigo, amiga... sólo puedo decirte que si estuviste en su vida, ahora debes sentirte honrado de haber tenido cerca a una persona que al encontrarse lista para trascender espiritualmente, ya se encuentra en un lugar mejor, que su vida y su muerte debe estar llena de enseñanzas para quienes seguimos aquí, que ante lo duro e inexplicable que puede ser el momento, ese era su momento. Recuérdale, ámale, honra con tu vida la suya.