¿Y SI ME ROMPE EL CORAZÓN?

©blamag ILUSTRACIÓN: ANEIKA PÉREZ

©blamag ILUSTRACIÓN: ANEIKA PÉREZ

¿Tienes miedo de iniciar una relación de pareja porque crees que pueden romperte el corazón? ¿Te resistes a enamorarte? ¿Crees que las relaciones siempre terminan con un corazón roto?

Los seres humanos tenemos un órgano súperpoderoso que nos dota de emociones, sentimientos y sensaciones, pero que como lo sabemos tan poderoso, en ocasiones (o quizás siempre), creemos que debemos enfocar toda nuestra energía en cuidarlo y evitar que cualquier fuerza externa lo rompa y deje de funcionar.

Yo soy de esas mujeres que ha ido por la vida con reservas, que no tan fácilmente confía en las personas y por ende voy temerosa de que “alguien me guste” o peor aún, de enamorarme, porque sé que cuando alguien entra en mi corazón, me entrego por completo, doy todo lo que soy y tengo, y eso desde mi punto de vista, aumenta el riesgo de que mi corazón termine destrozado.

Ir con la guardia en alto, sin embargo, no hizo que mi corazón llegara intacto hasta el día de hoy, en varias ocasiones ha resultado herido e incluso tras mi última relación, sentí que se rompió. Cuando una relación de pareja termina y no por decisión tuya, puede suceder que sientas que el otro te está lastimando, ha jugado con tu corazón y por ende termina rompiéndolo en mil pedazos; y así me sentía yo, dolida, sin encontrar las piezas que completaran a mi corazón y mucho menos con la claridad emocional para reconstruirlo, para reconstruirme. 

Los últimos meses han sido para mí de un trabajo interno arduo para encontrar las respuestas a un corazón roto, en muchas ocasiones aún sin rumbo, en otras sintiéndome empoderada para sanarlo, y después volviendo a perder algunas piezas; sin embargo, he encontrado aprendizajes y hoy aunque sigo en el camino, quiero compartirte un poco de mi experiencia.

La última relación de la que te he platicado y que mi “yo dramático” siente que tuvo un triste desenlace, la inicié creo que con el mayor pánico de “terminar lastimada” que en cualquiera de mis otras relaciones, los factores eran muchos, no solo se trataba de mi miedo evidente de dar todo y terminar con nada; juicios y prejuicios míos, de él y de nuestro entorno hacían parecer que esa relación pintaba para no tener un final feliz; y entonces yo queriendo contener lo que “la bolita mágica” predecía, me resistí por cierto tiempo a lo que mi corazón dictaba, a lo que para él y para mí en aquel momento era evidente, que era nuestro deseo de estar juntos; y así, tras varios meses de una incertidumbre llena de certeza de que no sabíamos si “estar” pero no queríamos “no estar”, comenzamos a estar, sentir, vivir y amar. Los sentimientos fueron en ascenso, los momentos cada día eran más, la felicidad y plenitud parecía perfecta, y de pronto, cuando estábamos para mí en el mejor momento, él decidió que se terminaba. 

Así es como llegué a la conclusión de que mi corazón estaba roto, todo me dolía, nada entendía, y no tenía claro qué venía. Ante eso, la forma más sencilla que encontré para reparar a mi lastimado corazón fue juntar las piezas que encontraba y los pequeños huecos que quedaban vacíos, llenarlos con infinitos pensamientos de él, del por qué me dejó, por qué no me quería, por qué ya no estábamos juntos, por qué, por qué, por qué, por qués que hacían de pegamento mientras conservaba el ferviente deseo de que llegara el momento en que “él recapacitara y volviera” o que yo me resignara y ya no necesitara de esos pensamientos. 

Ninguna de las dos opciones sucedió, de pronto un día me di cuenta que la única que estaba “sufriendo” por la separación era yo, que la única que tenía el corazón roto era yo y que de igual forma, la única que podía hacer sanar a esa corazón, era yo misma. 

El proceso de sanación no ha sido sencillo, por supuesto tiene altibajos y en muchas ocasiones, lo que sucede en el entorno inquieta a la mente y dificulta pensar con claridad; sin embargo, hay días como hoy donde me siento positiva y quiero ver el lado bueno de todo esto.

Es así como hoy creo que vivir con una coraza no te protegerá de que llegue alguien a quien le entregues tu corazón por completo sin correr el riesgo de que las cosas no funcionen y eso te duela; pero tampoco nada asegura que el próximo hombre que aparezca en tu vida será tu compañero en el resto del viaje y que si estás dentro de tu burbuja no serás capaz de vivir al máximo la experiencia y amar con toda la intensidad que la vida merece ser vivida. También creo que no son otros los que nos rompen el corazón, que está en nosotros la responsabilidad de mantenerlo fuerte, amoroso, compasivo y arriesgado a entregarse plenamente, y si las cosas no funcionan con alguien, es porque la experiencia ahí terminaba, pero las lecciones pueden continuar; entonces, con ese que pareciera un corazón roto trabajemos en sanarnos desde el interior, siendo el corazón nuestro centro y desde mi punto de vista el órgano más maravilloso, cuando algo nos hace dudar de su fortaleza es el mejor momento para que ante la fragilidad llenemos esos espacios de amor, perdón, entendimiento y compasión para recuperarnos a nosotras mismas.

Así que, si hoy sientes que tienes el corazón roto, levántate, toma todas esas piezas que quedaron sueltas tras entregarte por completo, agradece lo vivido, ten paciencia en tu proceso, esfuérzate cada día por encontrar tu centro, por vivir el aquí y ahora; perdónate y reconoce las enseñanzas que esta experiencia deja en ti y te aporta para ser aún mejor, escúchate a cada instante y sobre todo, ámate, porque la única forma de reconfortar un corazón que se siente débil es el amor, y el amor empieza por ti, y una vez recuperado tu amor propio, lo demás supongo se acomoda, y serás capaz de amar a los otros y recibir el amor de ellos.